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ORFEBRERIA PREHISPANICA



Una de las más ricas herencias artísticas de México procede de las culturas indígenas de Oaxaca; por varias centurias sus antiguos habitantes plasmaron en barro, roca y metales preciosos su peculiar visión del universo. En esos tiempos, la relación de los hombres con los dioses era más íntima, de ahí que sus obras estén impregnadas de una religiosidad propia

Oaxaca tiene una sobresaliente tradición orfebre que distinguió a los mixtecos desde finales del siglo IX hasta principios del XVI, frenada violentamente por la Conquista. En Mesoámérica, la explotación minera subterránea formal se inició durante los periodos Clásicos temprano y medio, entre el año 1 y 700 de n.e.; la minería es solamente una parte de la cadena tecnológica para el aprovechamiento integral de los minerales. Los siguientes eslabones fueron la preparación mecánica, la metalurgia extractiva y la orfebrería con el uso de moldes. En Mesoamérica hubo simultáneamente metalurgia extractiva y orfebrería a principios del siglo IX de n.e., probablemente difundidas desde Sudamérica.

La Metalurgia

La metalurgia es el conjunto de técnicas aplicadas a los minerales para obtener metales con la pureza suficiente para que puedan ser materia prima en la elaboración de objetos utilitarios y suntuarios; cuando se usan metales en estado nativo, es posible beneficiar éstos por la sencilla técnica del martilleo, pero a medida que se refina la técnica y surgen diseños más elegantes y complicados se utiliza el fundido y los moldes, esto favoreció la aparición de piezas más delicadas y el conocimiento de aleaciones.

El desarrollo de la metalurgia, plenamente dominada a fines del Clásico (800 de n.e.) en Oaxaca, nos obliga a pensar que la fecha tardía de la introducción de esta técnica se debe a influencias externas que aportan un procedimiento elaborado muy concreto sobre el trabajo de los metales. Los investigadores piensan que el conocimiento de la metalurgia llega a Mesoamérica básicamente por vía marítima, situando su origen tanto en Centro como en Sudamérica; en ambas regiones se trabajó el oro, la tumbaga y, en menor escala, el cobre puro y la plata; la expansión debió darse por mar, fundamentalmente por el Pacífico, esto explicaría el desarrollo primario de la técnica en las regiones de Oaxaca, Guerrero y Michoacán difundiéndose hacia el resto de Mesoamérica; se utilizaron también rutas terrestres de intercambio entre Centro y Sudamérica con las culturas de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán.

Según algunos cronistas, de Oaxaca salía el oro que circulaba en el Anáhuac; éste se obtenía en polvo, escamas y pepitas de depósitos secundarios algunas corrientes de agua, por medio del bateaje; las crónicas señalan que se sacaba principalmente de las orillas de los ríos, formando los placeres de la Chinantla, Sosola y Tututepec, la provincia más rica, sin olvidar otras como Coatlán, Ocelo, Tepeque, Pochutla, Suchitepeque, Tehuantepec, Chinantla, Yanhuitlán, Teotitlán y otros lugares localizados en la zona mesoamericana Mixteca.


Tipos de Joyas Mixtecas

En oro se elaboraron anillos, pectorales, agujas, bezotes, orejeras, discos repujados y con incrustaciones, placas, adornos para ser cosidos a las prendas, representaciones antropomorfas y deidades, así como cascabeles de formas diversas, laminillas enroscadas o representando serpientes y cuentas; estas últimas, cuando son redondas, no son de oro macizo sino núcleos de barro cubiertos con una fina película de oro. En algunos collares, en vez de la clásica cuenta esférica, son semiovales y barrocas; en collares más elaborados, las cuentas fueron sustituidas por otras estructuras como carapachos de tortuga, ranas o coronas de muelas de felino. En anillos, bezotes, orejeras y colgantes se representaron diversas aves con una influencia Cloclé y Veraguas del Panamá Central.

Oro sagrado

Al oro se le consideraba sagrado -excrecencia del sol-, razón por la que seguramente su uso se restringió, al igual que el de la plata -excremento de la luna- se trabajaba ligada con oro, fundida por el método de la cera perdida. En esta época los indígenas relacionaban el oro y la plata con el día y la noche, con el sol y la luna, con la vida y la muerte, siguiendo la eterna dualidad de la cosmogonía antigua mexicana. El nombre que los mixtecos daban al oro era dziñuhu cuaa, "el resplandeciente amarillo", designación evocadora del sol, cuyos rayos atraviesan el azul del cielo manifestando el poderío del astro; el color amarillo significa la luz, el calor y la vida, así, la "luz de oral es un camino de comunicación entre hombres y dioses. El nombre mixteco para la plata es dai nuhu cuisi, "el resplandeciente blanco", metal asociado a la luna, astro que evoca la noche, la periodicidad, la renovación y el principio femenino. Sabemos por hallazgos arqueológicos que las técnicas metalúrgicas antiguas más importantes eran ampliamente conocidas en el México antiguo y en particular en Oaxaca.

La fundición y el uso de moldes, combinado con el martilleo y el pulido, dieron acceso a mayores avances técnicos y a las aleaciones que por el año 1000 de n.e. y optimizaron el trabajo de los orfebres llamados en mixteco Tay Tevuidzi ñuhu. Las técnicas de trabajo en metal se clasifican en dos grandes apartados:

Técnicas en frío, que a su vez se subdividen en:


 * Técnicas primarias: percusión y presión para laminado, repujado, estampado, grabado y uniones mecánicas, utilizando el pulido como técnica de acabado.
 * Técnicas complementarias: forrado, chapeado, incrustación, engastado y templado.

Técnicas con calor: fundido, destemplado, hiladura (para la elaboración de alambres), licuación y vaciado.


 * Las técnicas de recubrimiento y unión son dorado, reparaciones tipo grapa y soldadura.
Estas técnicas se aplicaron en metales nativos y fundidos, siendo el laminado la más antigua; las láminas tenían diferentes grosores de acuerdo a los objetos que se fabricarían.
El martillado en frío y en caliente adelgazaba los metales hasta el gusto del orfebre; el repujado se hacía en láminas delgadas trabajado por presión y percusión.


Fue, sin duda, especial y apreciado el uso de las incrustaciones de piedras preciosas y semipreciosas en los objetos de metal, básicamente en oro; se colocaron obsidiana, piedras verdes, turquesa y conchas.


Templado

El templado fue la técnica para endurecer, dar mayor resistencia y menor desgaste a la pieza trabajada, era empleada básicamente en la fabricación de herramientas e instrumentos de labranza, así, por medio del martilleo y el destemplado o recalentado daban un endurecimiento zonas a placer del artesano, sobre todo en herramientas de cobre. Se usó también el fundido de metales como oro, plata, cobre, plomo y estaño y el vaciado en moldes abiertos o cerrados; estos últimos se utilizaban básicamente en la técnica de la cera perdida. Los orfebres mixtecos tuvieron preferencia por ligar el oro con la plata, con el fin de reducir la temperatura durante el proceso de fundición. El punto de fusión de la plata es de 960 grados centígrados, lo que facilita el trabajo del orfebre en relación con el uso de la tumbaga. La plata también permite un trabajo más fino, como lo evidencia la falsa filigrana.


Al centro tiene al dios del Fuego, simbolizado como un personaje gordo con sus extremidades descarnadas; en su tocado de plumas destaca la figura del águila, ave representante del Sol. El disco que rodea a la deidad tiene ocho rayos que indican los puntos cardinales, y los 18 circulos corresponden a los meses del calendario prehispánico. Los orfebres reparaban las piezas con dos técnicas; la más sencilla sólo se utilizaba para unir alambres a manera de grapa cerrada, v. gr. en el Pectoral de Zaachila; el segundo procedimiento emplea la soldadura como medio de unión; la más usada fue la que podríamos semejar a la "autógena" actual, logrando la fusión de piezas del mismo metal, calentando los bordes a fundirse y poniéndolos en contacto cuando se hallasen a punto intermedio de fusión, al enfriarse quedaban unidos. Para unir se utilizaron cristales de cobre o carbonatos de cobre (asurita y malaquita), materiales muy abundantes; en este caso, la liga es perfecta, sólo se requirió de un pequeño soplete con una flama ligera para reducir los cristales a cobre y soldar con la técnica "autógena" piezas que no presentan alteraciones de "goteo", ya que los ligues de metal son perfectos. Algunas piezas con soldadura imperfecta dejan ver el goteo del metal, este descuido era frecuente si las partes unidas quedaban al reverso del objeto y, por lo tanto, no serían evidentes.

En la soldadura del oro se utilizaron los mismos carbonatos, oro, o lo más sencillo, plata. En algunas piezas se aprecia el color rojizo del punto de la soldadura. En la nariguera móvil que pende de la máscara del dios Xipe de la Tumba 7 de Monte Albán y en sus orejeras, se evidencia claramente el uso de soldadura, en este caso seguramente se usó algún carbonato de cobre. La soldadura más evidente en otras piezas estaría en las orillas de los cascabeles o en los adornos colgantes de la joyería mixteca sostenidos por argollas. El Pectoral de Zaachila muestra evidencias de soldaduras y seguramente fue trabajado en diferentes vaciados y después soldado. Entre los diseños preferidos de los antiguos mixtecos destacan las grecas, las volutas, las "S" estilizadas y los "puntos" de oro con que cubren o rellenan espacios en sus obras. En anillos colgantes, broches y pectorales representan animales relacionados con la religión y la mitología, así como deidades y acontecimientos cosmogónicos y rituales.


En hermosas placas y colgantes se acuñaron escenas como el juego de pelota, ajustes calendáricos y simbolismos mitológicos. Las piezas más elaboradas se realizaban empleando básicamente la técnica de la cera perdida, para ser después bruñidas; algunos discos se martillaron, repujaron y bruñeron, estos últimos para ser cosidos a las ropas de los signatarios. Para elaborar cascabeles y cuentas redondas, los antiguos mixtecos optaban por diferentes tipos de decorados, desde el liso hasta los diseños de "S", grecas y puntos. A los personajes y animales los adornaban con penachos de plumas hechas en falsa filigrana, así como con orejeras, diademas, narigueras y decoración facial; también tendían a rematar los broches y pectorales con reproducciones de plumas preciosas hechas de oro y con cascabeles de diversas formas y decoraciones que colgaban de arillos.

El trabajo de los orfebres mixtecos pronto se difundió al resto de Mesoamérica, llegando al centro de México, donde los estilos y las técnicas se trabajaron con clara influencia mixteca; tal vez, orfebres mixtecos se instalaron en la región para enseñar y elaborar las más delicadas piezas en oro destinadas a engalanar a los señores mexicas. No hay duda de que el descubrimiento de Alfonso Caso en 1932 de la Tumba 7 de Monte Albán, representa la colección más impactante de objetos preciosos procedentes de la Mixteca prehispánica, y basta recordar la primera impresión que nos comunica su descubridor para com- prender el impacto del hallazgo. La Tumba 7 fue utilizada en dos ocasiones, primero por los zapotecos que la construyeron, entre los años 650 a 900 de n.e., y después por los mixtecos, que sacaron los restos y la ofrenda que estaban en ella, dejando sólo algunas piezas de cerámica, entre las que destacan tres urnas. El entierro explorado en 1932 y la ofrenda de joyas, de las cuales ciento veintiuna son de metal áureo, corresponden a la cultura mixteca.

Decoracion en tumbas

La existencia de tumbas opulentas en México y especialmente en Oaxaca era ampliamente conocida desde el siglo XVI, dando motivo a cédulas reales que otorgaban concesiones para su exploración entiéndase saqueo. a riqueza oaxaqueña en oro, cobre, jadeíta, turquesa y ámbar de Oaxaca, se confirma con lo que extraían los aztecas como tributo de la región. En el Códice Mendocino se citan los lugares de donde procedían estos materiales preciosos: Guerrero, Oaxaca, Chiapas y la parte sur y centro de Veracruz. De Oaxaca se tributaban oro y jadeíta procedentes de Coixtlahuaca, Texupa, Tamazulapa, Yanhuitlán, Tepozcolula, Nochixtlán, Xaltepec, Tamazola, Coaxomulco y Cuicatlán. Oro solamente de Coyolapan, Etla, Cuauxilatitlán, Guaxaca, Camotlán, Teocuitatlán, Cuauhtzontepec, Octlán, Teticpac, Tlacochahuaya, Macuilxóchitl, Tiachquiauhco, Achiotla, Zapotlán. 

Del límite entre Veracruz y Oaxaca, al sur del estado, se tributaba jadeíta y turquesa procedentes de Tuxtepec, Xayaco, Itatitlán, Cozamaloapan, Mixtlán, Michapan, Ayotzintepec, Michtlán, Teotitlán, Xicaltepec, Ojitlán, Tzinacaniztoc, Tututepec, Chinantlán, Ayotzintepec, Cuezcomatitlán, Puctlán, Teteutlán, Ixmatlallan, Yaotlán, Tozitlán y Tlacotalpan. Cuando los españoles arribaron a las playas mexicanas recibieron bellos presentes enviados por Moctezuma; quedaron maravillados de la gran riqueza que se les ofrecía, así como de la habilidad de los orfebres que realizaron tales obras de arte.

Los pectorales son los objetos de oro más bellos y artísticos, en ellos hemos conocido a los dioses así como concepciones míticas y calendáricas de los antiguos mixtecos. Estos pectorales fueron fundidos en oro, plata o con técnicas bimetálicas y se usaron aisladamente o formando parte de un collar. Destacan entre estos objetos el mencionado Pectoral de Yanhuitlán, con su delicado trabajo de turquesas recortadas para formar grecas en el cuerpo del escudo. Ilustraciones del Códice Tepetláoztoc o Códice Kingsborough muestran este tipo de pectorales que se ofrecían como tributo al encomendero.

Tres pectorales más merecen atención especial: los dos primeros proceden de la Tumba 7 de Monte Albán y el tercero de Teotitlán. En uno se representa un personaje cubierto con un yelmo de serpiente o jaguar que porta una máscara bucal en forma de mandíbula descarnada. En esta joya se indica la reforma calendárica con fechas año 10 Viento, día 2 Pedernal y año 11 Casa, escritas con glifos a la manera indígena de la época. Este pectoral es del tipo usado entre los mixtecos, tal como se aprecia en varias láminas de códices pintados por este grupo. Más aún, la figura simplificada del pectoral sirve como símbolo para representar el oro en estos documentos. Fue hecho con la técnica de la cera perdida y con la falsa filigrana típica de los mixtecos.

El otro pectoral es el conocido como Del Juego de Pelota, compuesto por cuatro secciones que son un verdadero documento sobre la cosmogonía mesoamericana; en la primera sección aparece un juego de pelota con dos deidades evocadoras de la dualidad vida-muerte; la segunda está constituida por el disco solar con un cráneo al centro; el tercer segmento lo forma un cuadrado en el que aparece un cuchillo de pedernal que representa a la luna y, por último, en la cuarta sección tenemos la imagen del dios Micltantecutli, Señor de la Tierra. Rematando este último cuadrante cuelgan cuatro plumas de oro unidas por argollas al mismo número de cascabeles.

El tercer pectoral está trabajado con la técnica conocida popularmente como de metales casados, o bimetálicos, ya descritos; esta pieza procede de Teotitlán del Camino y representa una deidad con máscara bucal de ave, asociada a Ehécatl, dios del Viento. Éste es un ejemplo de la maestría que en la técnica de fundición a la cera perdida alcanzaron los antiguos mixtecos. Las máscaras de oro fundido se usaron como parte de collares, broches en cinturones o sobre el máxtlatl, o bien, puestas sobre una cinta que adorna la frente; estos usos se ilustran en los códices. Generalmente estas piezas son de oro y simbolizan deidades. La más espectacular de estas máscaras se rescató en la Tumba 7 y representa al dios Yipe Totec, dios de los Joyeros y la Primavera.

Los pendientes son otros bellos adornos de oro asociados a deidades o animales relacionados con ellas. Son fundidos y calados, usándose también como decoración la falsa filigrana; son piezas relativamente abundantes, que quizás se cosieron a las prendas de vestir o formaron parte de bandas frontales; al igual que los discos, pueden ser lisos o repujados, con elementos simbólicos identificados con el sol y la luna. Los anillos, en mixteco dzahui, son variados en forma, tamaño y diseño; algunos son muy pequeños; se piensa que fueron usados en la segunda falange, por lo que es probable que se llevara más de un anillo por dedo; existieron unas piezas que por sus dimensiones y diseño pudieron usarse en la tercera falange como "uñas falsas". Los anillos corresponden al tipo de joya más conocida; hay delicadas piezas procedentes de Oaxaca en exhibición en diferentes museos extranjeros. Los anillos se obtenían por fundición a la cera perdida, las formas van desde sencillas argollas hasta diseños complicados de águilas descendentes, pasando por anillos del tipo "diadema de turquesa", que era la especie de corona o tiara que usaban los señores. Este tipo de anillo se compone del arillo y una placa enfrente que puede estar decorada con grecas o xicalcoliuhqui y puntos, o bien, sobre la placa frontal, llevar una figura de ave como sería el aguda o el faisán que desciende, evocando al sol del poniente. Anillos de este tipo figuran en el inventario que Cortés envió a España, hecho por Cristóbal de Oñate el 25 de septiembre de 1526.


Los broches se hacían de oro fundido y representaban deidades y animales asociados a ellas; se usaban como adornos en las prendas y servían para rematar la capa de los señores, sacerdotes y guerreros importantes. Sin duda, fueron los cascabeles las piezas más trabajadas en metal, ya sea en oro, plata, cobre o aleaciones; van desde formas amigdaloides hasta delicados cascabeles que representan animales; éstos pudieron formar parte como cuentas de pulseras, adornos del tobillo o collares. Para adornar la cabeza y como símbolo de realeza, se usaba una especie de diadema y piezas martilladas en hojas de oro, imitando plumas. Este tipo de adorno se ilustra en los códices y se rescató uno completo en la Tumba 7. Para decorar el lóbulo de la oreja, las "orejeras" se trabajaron en diferentes materiales, en formas simples de carrete, o bien, estilizadas y complicadas hasta el grado de agregarle -a los iniciales carretes- plumas y otros adornos colgantes. Destacan las llamadas epcolloli se trabajaban martillando el oro hasta formar una lámina que se recortaba y repujaba. Esta forma de orejera se asocia al dios Quetzalcóatl. Originalmente se hacían de concha; como significa su nombre, "concha torcida", en ocasiones se les cubría con mosaico de turquesa.

Las pinzas se trabajaron por fundición formando una lámina de oro, plata o cobre, con los extremos en forma de media luna y el interior ligeramente cóncavo; se utilizaban para depilarse, quizás con fines rituales; en los códices aparecen también utilizadas como colgantes.Los brazaletes se trabajaban en oro, cobre y plata; generalmente fueron hechos con martillo y pueden ser lisos o repujados; los hay de diferentes grosores, alturas y diseños; en este mismo caso tenemos las pulseras y los adornos para los tobillos. La forma de brazalete conocida como machoncot era distintiva de los gobernantes y originalmente se hacían de concha, derivando de ahí su nombre.

Los adornos de la nariz atravesaban el hueso septum y se les conoce como "narigueras"; éstas se trabajaban en oro por la técnica del martillo y repujado, y generalmente son láminas delgadas cortadas en diseños preferentemente zoomorfos, representando insectos como la mariposa, animal que evoca las almas y está asociado al culto del dios Xochipilli, Señor de la Primavera. Se tienen también ejemplos de orejeras tipo tubular, lisas o decoradas. Esta joya aparece profusamente representada en los códices.

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» http://virtual.utm.mx/~mixteca/nuevo/ORFEBRERIA/orfebreria-main.html


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