La Tortuga Marina identificacion descripcion caracteristicas caretta
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LA TORTUGA MARINA




Nombre Científico : Caretta caretta

Familia : Quelónidos

Orden : Quelonios (o testudinos)

Clase : Reptiles

Identificación : Gran tamaño, con caparazón de color pardo rojizo en forma de corazón.

Tamaño : Longitud cabeza - caparazón: cerca de 2 m (récord, 2,13 m); longitud caparazón: 1,25 - 1,5 m.

Peso : De 100 a 150 kg., pero se han encontrado ejemplares que superan la media tonelada.

Distribución : Mares de todo el mundo; preferentemente cálidos.

Hábitat : Alta mar y aguas someras.

Alimentación : Básicamente carnívora.

Reproducción : Tras una incubación de 50-70 días tiene lugar una puesta de entre 60 y 200 huevos (promedio: 100-120).



Las tortugas o quelonios son reptiles que han apostado por la defensa pasiva, adoptando una protección única en el mundo animal: la concha de doble caparazón. Esta comporta un complejo cambio estructural en la organización corporal de estos animales, que les confirió una homogeneidad y unas características muy distintas a las del resto de los reptiles. Dentro del orden de los quelonios, las tortugas marinas constituyen un pequeño grupo que se ha adaptado a la vida en el mar, retornando a sus orígenes, pues del medio marino surgieron sus ancestros, los anfibios. Viven en las aguas cálidas de los mares de todo el mundo, aunque pueden mantener su cuerpo caliente en aguas más frías. Eternas viajeras, estas tortugas recorren miles de millas para volver a las playas en las que nacieron y efectuar su puesta.



ORIGEN Y EVOLUCIÓN



Las tortugas terrestres


Los reptiles se originaron a partir de los anfibios en plena era primaria, hace unos 340 millones de años (a principios del Carbonífero inferior), dando un paso más en su pérdida de dependencia del medio acuoso. En este sentido, un logro decisivo fue la aparición del huevo amniótico, que con sus múltiples capas protege al embrión de la pérdida de agua.


El grupo de las tortugas es muy antiguo: un quelonio ancestral surgió de los reptiles primitivos hace unos 230 millones de años (en el Triásico), dando lugar a las primeras tortugas terrestres. Estas originaron todos los grupos actuales, que mantienen la original estructura del caparazón: una doble protección de naturaleza ósea y córnea compuesta por el peto (ventral) y el espaldar (dorsal) unidos por las expansiones laterales del primero. El caparazón cuenta con dos grandes aberturas: una anterior, por la que salen la cabeza y el primer par de patas, y otra posterior, por donde asoman el segundo par de patas y la cola. En el camino de la evolución, que nunca ha modificado sustancialmente esta doble concha, muy pronto se diferenciaron los pleurodiros, que constituyen un suborden distintos al que agrupa el resto de especies.



Tortugas de agua dulce


Existe un amplio abanico de especies de tortugas acuáticas adaptadas al agua dulce, pero su modificación respecto a las terrestres es mucho menos drástica que la de las marinas; de este modo, por ejemplo, las patas suelen ser palmeadas, aunque conservan sin embargo los dedos. Además, viven sólo una parte del tiempo en el agua, pudiendo caminar por la tierra firme perfectamente, sin arrastrar el cuerpo como las marinas.


Las tortugas adaptadas al agua dulce representan un estado de adaptación intermedio y ambivalente entre las tortugas terrestres -que jamás se introducen en el líquido elemento- y las marinas -que casi nunca salen de él-, siendo muy ágiles tanto en tierra como en el agua. Una de ellas, sin embargo, esta tan bien adaptada a la vida acuática que sólo sale del agua para efectuar la puesta; se trata de Carettochelys insculpta (el único representante de la familia de los caretoquélidos), que habita en los ríos de Nueva Guinea.



Las tortugas marinas


Las tortugas marinas son menos antiguas que las terrestres y representan una vuelta a los orígenes, al haberse readaptado a la vida en el mar, donde evolucionaron los primeros vertebrados. Hace unos 150 millones de años, algunas tortugas terrestres y de agua dulce se instalaron en la costa, adaptándose progresivamente a la vida en el interior del mar. Hace 100 millones de años, aproximadamente, ya se distinguían varia familias con especies exclusivas del mar, una de las cuales era un gigante de 4 m y varias toneladas de peso. Las siete especies de tortugas marinas que han sobrevivido hasta la actualidad son las únicas supervivientes de este amplio grupo, que alcanzó su esplendor en el Jurásico-Cretácico (entre 200 y 65 millones de años atrás).



TODAS LAS TORTUGAS MARINAS



El orden de los quelonios -que incluye todas las tortugas- comprende 12 familias, 87 géneros y unas 245 especies, entre tortugas terrestres, marinas y de agua dulce. El grupo de las marinas, con siete especies, es el más pequeño. Una especie (la tortuga laúd) constituye una familia independiente (la de los dermoquélidos), mientras que las otras seis (siete si se considera como especie la tortuga negra) se integran en la de los quelónidos; en su mayoría poseen una subespecie atlántica y otra indopacífica. No se analiza aquí la tortuga boba, tratada extensamente en otros apartados.



TORTUGA LAÚD


(Dermochelys coriacea)
También llamada tortuga coriácea, es la única con el caparazón formado por numerosos huesos pequeño recubiertos por una piel gruesa, pero sin los típicos escudos córneos. El dorso es de color negro o marrón oscuro con manchas más claras, y el extremo caudal es afilado. Es la especie de tortuga de mayor tamaño (un récord antiguo lo poseía un ejemplar de 2,4 m de concha y 860 kg de peso); aunque hoy es raro encontrar ejemplares con espaldares que superen el metro y medio, en 1988 se capturó uno que medía más de 2 m y pesaba 759 kg. de la gran cabeza destacan sus enormes ojos y su pico ganchudo, ideal para cazar medusas -técnica en la que es una consumada especialista-, mientras que su primer par de patas se transformó en unas aletas tan grandes que pueden superar la longitud del propio caparazón.


Todavía se explota por su aceite, pero el principal peligro para esta tortuga reside en su propio régimen alimenticio: al estar especializada en comer medusas, se traga los plásticos que circulan por doquier. Aunque es una de las tortugas que está en mayor peligro de extinción, es posible encontrarla en casi cualquier rincón de los océanos de la Tierra. Parece ser la tortuga que mejor soporta las aguas frías, siendo la que mantiene más tiempo su temperatura por encima de la del entorno, por lo que puede nadar en altas latitudes y grandes profundidades (se ha comprobado que, siguiendo medusas gigantes, ha alcanzado por lo menos los 1.200 m de profundidad).



TORTUGA VERDE


(Chelonia mydas)Tiene un caparazón liso y ovalado (de hasta 1,6 m) con forma de corazón, y presenta cuatro placas costales a cada lado. El dorso es de color pardo marrón o verde oliva (de ahí su nombre) con manchas oscuras, y su peso máximo registrado es de 187 kg. Las hembras recorren más de 3.000 km para efectuar sus puestas, que pueden llegar a ser de 400 huevos. Típica de aguas poco profundas y carnívora cuando es joven, va perdiendo esta característica con la edad para adquirir hábitos vegetarianos: cuando es adulta, como sobre todo plantas, fanerógamas marinas.


También llamada tortuga franca, ha sido muy perseguida porque con su carne se elabora la clásica sopa de tortuga, lo que ha provocado que sea una de las especies más amenazadas. Vive en el océano Atlántico; en los océanos Índico y Pacífico se encuentra la subespecie Ch. mydas agssizi, llamada tortuga negra por su caparazón más oscuro; algunos autores la consideran una especie distinta, gemela de la tortuga verde.



TORTUGA DE CONCHA PLANA


(Natator depressus)
Antiguamente incluida en el género Chelonia, vive frente a las costas del norte de Australia. Su estrategia reproductora es algo distinta a la de las demás tortugas marinas: pone poco huevos, pero las crías nacen más desarrolladas y, por lo tanto, con mayores probabilidades de sobrevivir al ataque de aves, cangrejos, etc. Esto parece dar resultado, pues mantiene unas poblaciones saludables; a ello también ha contribuido el escaso acoso humano que sufre, aunque su carne es comestibles.



TORTUGA BASTARDA


(género Lepidochelys)Este género comprende dos especies, capturadas desde antiguo por su carne y que son las más pequeñas del grupo (la longitud de su caparazón raramente excede de 70 cm): la tortuga olivácea (L. olivacea), también conocida como bastarda del Pacífico, que se encuentra en la mayor parte de este océano y en el Atlántico; y la tortuga golfina, también llamada bastarda del Atlántico o de Kemp (L. kempi), cuya área de distribución se limita al golfo de México y a las aguas cálidas cercanas del Atlántico.


La tortuga golfina es muy vulnerable a la captura porque la práctica totalidad del desove se efectúa en una playa cercana a la población de Rancho Nuevo, en Tamaulipas (costa oriental de México), donde ha sido diezmada por los recolectores de huevos. El problema de los nidos asaltados también afecta seriamente a la tortuga olivácea, de manera que ambas especies se enfrentan a la peligrosa posibilidad de la extinción.



TORTUGA CAREY


(Eretmochelys imbricata)También llamada tortuga de pico de halcón porque la forma de sus mandíbulas recuerda a estas aves, esta tortuga vive en los mares cálidos tropicales. La longitud de su caparazón puede alcanzar los 90 cm, y se distingue por poseer las placas córneas claramente imbricadas (de ahí su nombre científico)
Esta especie posee diversas adaptaciones a la vida acuática que son las más especializadas de todo el orden de los quelonios; así, por ejemplo, las aletas anteriores son enormes, a modo de grandes remos. Todas sus formas son hidrodinámicas y el caparazón es muy ligero.


Aunque sus huevos se comen y localmente también su carne, en ocasiones ésta puede ser tóxica para el hombre, ya que esta tortuga ingiere esponjas venenosas; sin embargo, para su desgracia, la concha posee unos preciosos escudos córneos translúcidos, jaspeados y brillantes que son muy apreciados como materia prima para elaborar todo tipo de objetos (es el famoso carey con el que se fabrican desde peines y cajitas hasta monturas de gafas y un sinfín de abalorios). La persecución consiguiente a esta demanda ha llevado a la tortuga carey a un estado de grave vulnerabilidad.



MEDIO NATURAL



Distribución



La tortuga boba se puede considerar “subcosmopolita”, ya que prácticamente se encuentra en todos los mares del mundo. Su hábitat preferido es el mar abierto, aunque también se puede ver en las zonas de poca profundidad y de menor salinidad: bahías, desembocaduras de ríos e incluso lagunas costeras. Su área de distribución va de Japón a Australia, de Canadá a Chile, de Terranova a Argentina, del Báltico y el mar del Norte a Sudáfrica, y de Kenya al extremo sur de África; además, es la única tortuga algo frecuente en el Mediterráneo.


Es más abundante en los mares cálidos, tropicales y subtropicales, pero también llega a las latitudes más altas, entrando en los océanos glaciales, aunque la temperatura del agua sea muy baja. En eso es muy parecida a la tortuga laúd, de la que se halló un ejemplar con una temperatura corporal de 18°C en unas aguas que estaban a 7,5°C. Aunque los quelonios se consideran animales de sangre fría (están condicionados por la temperatura del medio), aún está por aclarar si poseen algún sistema de termorregulación. En este sentido, algunas tortugas marinas serían comparables a los cocodrilos, que también utilizan diversas estrategias para regular su temperatura, e incluso pueden llegar a hibernar, como alguno de ellos. De hecho, aparte de la propia inercia térmica de su cuerpo, se ha comprobado que existe una regulación activa pro intercambio de calor en la unión aleta-cuerpo.



Estado de las poblaciones



Aunque las tortugas marinas están protegidas en muchos países, donde está prohibida no sólo su captura, tráfico y comercio, sino también la simple tenencia, exhibición o venta de cualquier objeto fabricado a partir de su cuerpo, casi todas las especies han sufrido una drástica reducción de sus poblaciones, han desaparecido de muchas zonas y algunas están en peligro de extinción. Se calcula que la población mundial de tortugas marinas podría haberse reducido a la mitad en sólo veinte años.


Según la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) hay 79 especies de tortugas amenazadas, aunque las que están en una situación más crítica no son las marinas; quizá la que está más al borde de la extinción sea el galápago australiano (Pseudemydura umbrina), del que apenas queda un centenar de ejemplares. De entre las marinas, las más amenazadas son la tortuga laúd, la carey, las dos bastardas y la verde. De hecho, se dispone de evidencias de su recesión; así, por ejemplo, en 1947, en las playa de Tamaulipas, se filmó la puesta de unas 40.000 tortugas bastardas de Kemp, mientras que en 1992 su número no llegó a 500.


Las causas de esta regresión poblacional son múltiples. Sin duda, la más importante es la pérdida de playas naturales por la paulatina ocupación humana. La apertura al turismo de numerosas playas arenosas tropicales, originariamente desérticas, impide que las tortugas puedan desovar, lo que tiene efectos catastróficos sobre sus poblaciones. Al dificultar y aún impedir su reproducción, la especie no puede reponer las pérdidas de sus efectivos que se producen por otras causas. Con la pesca masiva industrial, el número de tortugas capturadas indirectamente, es decir, con la intención de obtener otro producto, ha aumentado en gran medida.


Las que quedan enganchadas en las redes -especialmente las de arrastre para camarones- mueren ahogadas porque, al no poseer respiración bronquial, necesitan subir a la superficie y las redes se lo impiden. Asimismo, con el incremento del tráfico marítimo, también han aumentando los accidentes: la quilla de los barcos puede chocar con una tortuga dañando, a veces mortalmente, la concha superior. Una de las que más sufre este tipo de accidentes es la tortuga verde porque nada a poca profundidad y tiene la costumbre de descansar flotando a la deriva.
La artesanía de elaboración de objetos con el caparazón de las tortugas también termina con muchos ejemplares. En ese aspecto, la más castigadas es sin duda la carey, que da nombre a ese tipo de artesanía. De hecho, el carey tiene miles de años de historia: bien conocido en la antigüedad, no sólo era apreciado en Oriente, sino también en Occidente, donde se utilizaba como elemento decorativo.



La sopa de tortuga


Una de las causas más antiguas en la merma de las poblaciones de tortugas marinas es la alimentaria. Su carne es apreciada desde antiguo, pero también sus huevos, que han sido recolectados por culturas de todo el mundo, generalmente para la alimentación, aunque, en ocasiones, como ocurre en el caso de la tortuga bastarda de Kemp, no sólo por necesidad sino por sus pretendidos efectos afrodisíacos. Dado el tamaño de las tortugas y su fidelidad al regresar a las mismas playas una y otra vez, resulta muy fácil localizarlas y hasta prever la disponibilidad de sus puestas.


Las dos tortugas bastardas son muy perseguidas por su carne, pero la especie más castigada con diferencia es la verde, que tiene la triste fama de ser la más adecuada para elaborar la célebre sopa de tortuga. El caso de la tortuga boba se podría calificar de “privilegiado”, ya que sus puestas son muy numerosas; su carne, aunque comestible, no es apreciada, y su concha es difícil de trabajar, por lo que no tiene valor comercial. Y, a pesar de todo ello, su población ha disminuido en la mayor parte de su área de distribución.



ANATOMÍA DE LA TORTUGA BOBA



Una tortuga presente en todos los mares


La tortuga boba es una de las mayores tortugas del orden de los quelonios (únicamente es superada por la tortuga laúd) y está muy bien adaptada a la vida en el mar: su cuerpo posee formas muy hidrodinámicas y sus patas se han transformado en poderosas aletas.


Cabeza

Grande y ancha, al igual que el cuello, no puede esconderse dentro de caparazón.
Apenas puede retraerse un poco. Posee un par de orificios (las fosas nasales) en el extremo del hocico para que el animal no tenga que sacar la cabeza por completo cuando sube a respirar a la superficie. Cuando lo hace primero expulsa el agua de las cavidades, lo que origina un par de chorritos muy característicos.


Ojos

Aunque permiten apreciar colores, no proporcionan una visión muy buena; al salir a la superficie segregan una sustancia protectora.


Pico

Córneo, muy duro y cortante; está accionado por una poderosa musculatura


Caparazón

De característica forma alargada, está constituido por placas dérmicas óseas recubiertas de placas epidérmicas córneas.
Está recubierto de placas epidérmicas córneas yuxtapuestas, lo que constituye la diferencia más notable con la tortuga carey, que la tiene imbricadas. El espaldar (concha superior) presenta cinco placas costales, es oval y de color pardorrojizo, mostrando unas rayas de color más oscuro (casi negro) que se pierden al envejecer. Sobre el caparazón es frecuente que leve algas y diversos parásitos, especialmente bellotas de mar (crustáceos del género Balanus).


Patas anteriores

Planas, con forma de paleta o remo.
Mucho mayores que las posteriores, son auténticas aletas propulsoras. Los dedos no se aprecian externamente porque, en su evolución adaptativa, se han fusionado unos con otros. Esta característica distingue a las tortugas marinas de todas las demás.
También las distinguen el hecho de no poder levantarse sobre las patas para caminar en tierra. Nadan batiendo las “aletas” anteriores hacia arriba y hacia abajo como haría un ave en el aire.


Patas posteriores

De forma parecida a las anteriores, son mucho más pequeñas


Cola

Larga y gruesa, extendiéndose más allá del margen posterior del caparazón.
Aunque no sea su apéndice más patente, las tortugas tienen cola, como todos los reptiles. La existencia de la doble concha ha comportado numerosos cambios estructurales por la rigidez que confiere, pero la cola es una excepción. No esta muy claro por que no ha desaparecido por completo, pero lo cierto es que está presente y se protege bajo la concha. Tiene utilidad en taxonomía, siendo un elemento válido para distinguir varias tortugas entre sí.


Peto

Es la concha inferior; plana y de color amarillento.


Espaldar

Es la concha superior.



CICLO VITAL




Reproducción y puesta


Como todas las tortugas marinas, la tortuga boba pasa virtualmente toda su vida en el agua. De hecho, los machos no salen nunca y las hembras sólo lo hacen para efectuar la puesta. Una vez cada dos o tres años (aunque e algunas poblaciones esta frecuencia es más irregular), normalmente de mayo a julio, machos y hembras realizan un largo viaje hasta el litoral en el que se reproducen. Al llegar frente a la playa, pueden concentrarse grandes grupos, donde los machos, más pequeños y numerosos, compiten violentamente para conseguir a las hembras.
Una vez fecundada, la hembra se acerca a la orilla para inspeccionar la zona, lo cual casi siempre tiene lugar de noche.


Decidido el lugar más tranquilo y adecuado, empieza a arrastrarse lenta y fatigosamente playa arriba, dejando un profundo surco en la arena. En el punto elegido, a unas decenas de metros de la orilla (por encima de la línea de marea alta), empieza a excavar con las aletas delanteras un hoyo de más de medio metro. Mientras pone los huevos, la hembra entra en una especie de trance, y durante este tiempo es muy vulnerable, porque nada puede disuadirla de acabar su tarea, ni siquiera la presencia del hombre o de otros depredadores. Al terminar, cubre el hoy con arena y apisona el terreno para disimularlo. Completada su misión, la hembra vuelve sobre sus huellas pesadamente, deteniéndose en la misma orilla para recuperar fuerzas antes de adentrarse nuevamente en el mar. Toda esta operación, que no suele superar la media hora (l una hora como máximo), puede repetirla allí mismo hasta siete veces cada estación, a intervalos de doce-quince días.



El nacimiento


Los huevos son esféricos, de cáscara blanda y con un diámetro de 5 cm cada uno. Nacerá una hembra si durante los dos meses largos de incubación el huevo ha estado sometido a una temperatura de unos 32°C, y si ésta ha sido cercana a los 28°C nacerá un macho. Después de romper el cascarón con el diente del extremo de la mandíbula superior, las crías, con un caparazón de más de 4 cm, nacen bien formadas, especialmente el primer par de patas. Lo primero que hacen es remover la arena para subir a la superficie, operación que les puede llevar hasta tres días.
Todas las crías suelen salir de noche y con una sorprendente sincronización (así tienen más posibilidades de sobrevivir a los depredadores que sí salieran una a una).


El primer problema que tendrán será discernir dónde está el mar. Muchos biólogos creen que son atraídas por el brillo del agua, y, de hecho, algunas mueren por dirigirse hacia las luces de las carreteras. Sin embargo, parece que huyen de la oscuridad, lo que las impulsaría a dirigirse hacia el mar al alejarse de las siluetas oscuras de las dunas y la vegetación de la playa. Según esta explicación, sólo se orientarían por el brillo si no dispusieran de una clara referencia de la oscuridad. En alguna especie (como la tortuga verde) podría influir también la pendiente de la playa.



ALIMENTACIÓN Y DEPRADACIÓN




Cazar para comer


La dieta de la tortuga boba es básicamente carnívora: esponjas, cefalópodos, caracoles y otros moluscos, peces, crustáceos, erizos, insectos llevados por el viento, todo tipo de larvas de peces e infinidad de invertebrados. También se alimenta de plantas marinas como Zostera y Thalasia, así como de sargazos. El pico de la tortuga boba es córneo y de extraordinaria dureza, ideal en su dieta carnívora, sobre todo para capturar medusas; aunque el organismo de estas presas esté compuesto en un 98% por agua, sus membranas resultan muy nutritivas. Resguardado su esófago y estómago con una capa protectora, la tortuga ataca incluso a las urticantes y venenosas carabelas portuguesas.



Numerosos depredadores


Como ya se ha apuntado, las tortugas pueden ser capturadas incluso antes de nacer. Los huevos son codiciados por diversos animales: los cangrejos son oófago, pero no acceden a ellos tan fácilmente como los mapaches; asimismo, los varanos, los zorros e incluso los perros asilvestrados desentierran ávidamente los huevos. Con todo, siendo importante este expolio de los nidos, la auténtica masacre todavía no ha empezado. Cuando las pequeñas tortugas asoman al exterior por primera vez, empiezan una corta pero dificultosa carrera de obstáculos antes de llegar a la orilla, ya que sus depredadores son muy numerosos: cangrejos fantasmas, chacales y otros carnívoros, gaviotas, cuervos y otras aves, diversos reptiles, etc.


Se calcula que sólo una de cada mil tortugas consigue superar todas las pruebas y llegar a la edad de reproducción.
Una vez en el mar, los depredadores se concentran en lugares donde las tortugas encuentran alimento (por ejemplo, en las concentraciones de sargazos). Así, las pequeñas tortugas pueden ser presa del pez delfín o del pez de los sargazos. Conforme adquiere peso, la tortuga se hace respetar y se convierte, a su vez, en un depredador más potente, aunque no del todo invulnerable: incluso los mayores ejemplares pueden ser atacados por los tiburones.



Sistemas de defensa


La velocidad de natación de as pequeñas tortugas es muy limitada, por lo que raramente intentan huir. Si se presenta la ocasión, suelen esconderse entre los sargazos y otros elementos flotantes, pero lo más frecuente es que se hallen sin protección alguna, por lo que, ante un potencial depredador, adoptan una estrategia muy efectiva: dejan de nadar y recogen sus extremidades.
De esta forma, parecen más un objeto dando vueltas a la deriva que algo vivo que atraiga la atención, y permanecerán en esta posición hasta que pase el peligro. Cuando están suficientemente crecidas, sus potentes aletas les facilitarán una rápida huida.



UNA CARRERA POR LA SUPERVIVENCIA



Después de siglos de verse perseguidas por su carne, su concha, sus huevos y su piel, la población de tortugas marinas podría dejar de disminuir gracias a las medidas tomadas por muchos países, así como por diversas iniciativas y proyectos de conservación. Sin embargo, en la actualidad otro peligro se cierne sobre ellas, quizá más grave por cuando se debe a su comportamiento alimenticio. Los elementos a la deriva siempre han significado para ellas una fuente natural de comida: organismos planctónicos, larvas, peces, incluso han desarrollado una protección especial para poder ingerir medusas, pero la evolución no podía prepararlas para tragar los plásticos, cordeles, ropa… que terminan por ahogarlas.


Sólo desde de los barcos, se tiran por la borda trece toneladas de basura cada minuto. Gran parte de estos desperdicios flotan y son arrastrados por las mismas corrientes que siguen las tortugas, acumulándose en sus lugares de descanso y alimentación. Además, en alta mar, las tortugas encontrarán otros desechos: hilos de pescar, organismos todavía vivos pero que han acumulado contaminantes tóxicos y trozos de redes (los pescadores pierden miles de kilómetros de redes cada año, que se van extendiendo por todos los mares como una inmensa red de trampas mortales).


Las tortugas también mueren fortuitamente a consecuencia de las actividades de pesca. Sólo las flotas española e italiana, por ejemplo, capturan entre 20 y 25.000 tortugas marinas cada año. No las quieren pescar, pero las pescan. Son liberadas, pero con el anzuelo clavado (los pescadores simplemente cortan el sedal después de izarlas). En la ilustración, un equipo de especialistas dedicado a la protección de las tortugas marinas. Capaces de comerse las urticantes y venenosas medusas, las tortugas marina pueden desaparecer a causa de la ingestión de bolsas de plástico inertes que confunden con aquellas. Quizás en el futuro seamos capaces de preservar algunas playas vírgenes y controlar los vertidos al mar. Sólo así podremos seguir contemplando esos imponentes reptiles acorazados volando por los mares cálidos de la Tierra.




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